Introducción
El tiempo pasa muy rápidamente hoy solo quedan recuerdos de lo que
paso algunos buenos otros malos de muchos hemos aprendido de otros solo
queremos no recordarlos porque han sido golpes que han dejado cicatrices en
tu piel y en tu corazón tenemos un futuro planeado pero incierto no sabemos
que pasara pero si sabemos que nada pasa por ningún motivo pero esta vez te
contare mis recuerdos del pasado esos que dejaron huellas una vez y que no
se irán jamas se que muchos han pasado por lo mismo otros solo han
escuchado historias de cosas pasadas y muchos creyeron que solo son
leyendas que llegaron de la imaginación de algún pensador con sueños de
locura aun así te toca decidir que creer o no.
El joven
Son las 5 de la mañana me despierto pensando que habrá para comer porque el hambre me consume, ayer tuve un día muy pesado trabajando en la finca de mi abuelo sembrando y ayudando a mi abuelo que esta muy viejo y cansado en todas las cosas de la casa. En la cocina se escuchan los pasos de aquel hombre viejo y cansado preparando el café, para los dos, no se como lo hace pero siempre despierta primero que yo, no importa el método que use para levantarme mas temprano pero aun no he encontrado una manera de ganarle a veces pienso que no duerme o tal vez que sea un vampiro jamas lo veo acostarse, yo siempre estoy cansado y me acuesto primero y jamas lo he visto levantarse de la cama. Por mi mente pasa el loco pensamiento "si es un vampiro me esta engordando para hacer un festín". En verdad no creo en eso de vampiros y supersticiones, mi abuelo siempre me decía que eso no existía, que el miedo humano esta en la mente, que solo vemos lo que queremos ver.
Ya despierto camino hacia la cocina a ver que mi abuelo habrá preparado, casi siempre es tortilla y café, algún día se cansara de hacer lo mismo y a lo mejor ese día comeremos otra cosa aunque ya habían pasado 5 años desde que mi abuela murió y no hemos parado de comer lo mismo, la tortilla y el café no es mala pero con mi abuela habían cremas de diferentes sabores, te a veces hacia derretidos de pan y queso, como la extraño y se que mi abuelo aunque nunca hable de eso la extraña también. Vivieron mas de 45 años juntos es una vida completa y el triple de la mía. Nunca después de ese día tan horrible que su amada murió, lo he visto llorar otra vez, y cada vez que ese recuerdo pasa por mi mente mi corazón vota una lagrima por aquella abuela tan hermosa y abnegada que sus brazos una vez cubrieron mi cuerpo con su ternura y mirada, a veces me rió porque cuando se enojaba decía "Cuando yo muera podrás hacer lo que quieras, pero mientras viva yo aquí tienes que hacer lo que yo digo", y ahora que se fue quisiera decirle abuela aunque estés muerta no quiero hacer otra cosa que no me hayas dicho que hiciera, te extraño tanto te llevaste un pedazo de mi corazón contigo y no puedo dejar de ponerme triste solo por recordarte.
Ya llegue a la cocina y que sorpresa para mi había tortillas y café. Oye abuelo hoy te esmeraste esas tortillas se ven mas ricas que la de ayer. El con una sonrisa en su rostro me dice son las de ayer que no te comiste ya sabes que no podemos desperdiciar comida la vida esta dura y debemos ahorrar lo mas que podamos.
Diablos esas tortillas estaban muy malas y no me atreví a decir nada del café porque al probarlo supe que era el de ayer también, una chicha de limón era un manjar que solo probábamos en el almuerzo, pero aun así agradecía todos los días a Dios porque mi abuelo aun vivía y siempre encontraba desayuno caliente aunque fuera de ayer, al menos las lombrices se suicidarían por tanto maltrato, tenia la esperanza que el mal sabor fuera como un desparacitante, al menos los parásitos morirían de huelga de hambre o por lo menos de intoxicación, es que esas tortillas estaban tan duras que no se ni como pudo batir esa mezcla de cemento "como yo le llamaba a las tortillas" sin que la cuchara se partiera en partes. A veces me cansaba de masticarlas y me tragaba los pedazos pequeños, pero duros como una piedra, con una sonrisa en mi cara pensando la pedrada que se llevaría alguna lombriz infeliz al menos si le daba bien, seria unas semana inconsciente o quien sabe tal vez moriría del golpe tan salvaje que se llevaría y si se atoraba ni esperanzas tenia porque ese café era tan horrible que solo el probarlo las mataría de lo amargo que estaba. Nunca entendí porque a mi abuelo le gustaba ese café tan amargo y puro pero jamas me atrevería a decírselo.
Aun así me sentaba en el comedor de madera que me abuela le pidió a mi abuelo que hiciera usando maderas que el cortaba en el camino, era un comedor muy bueno y muy fuerte ya tenia muchos años y aun estaba firme y muy duro; mi abuelo trabajaba muy bien la madera, pero la edad ya no le ayudaba porque ya se sentía cansado de tantos años de trabajo.
Una vez terminado el desayuno, me tocaba fregar los platos y los cubiertos porque sino se llenaban de hormigas, a mi nunca me gusto fregar, pero tenia que ayudar con las cosas de la casa, así que ya lo hacia automáticamente sin refutar. Mientras mi abuelo preparaba los caballos y los perros para ir de caza. Me encantaba ir de caza con mi abuelo siempre, era algo que amaba y ademas disfrutaba hacer siempre. Teníamos dos perros, uno llamado Hunter, y otro llamado Toto, eran perros muy fuertes y obedientes que iban siempre con nosotros a las montañas a cazar, ya se sabían el camino de ida y vuelta eran muy expertos por esa zona.
Ya terminado de fregar, me fui a bañar y a alistarme para ir de caza con mi abuelo sin saber que ese día nos esperaba un terrible acontecimiento que cambiaría mi vida para siempre. Siempre que íbamos de caza mi abuelo me contaba historias de mi mamá que era muy hermosa y una mujer muy fuerte, que ella me amaba con locura y que me cuidaba desde el cielo, yo solo imaginaba como era ella y por las pocas fotos que habían, sabia que mi abuelo decía la verdad, era muy hermosa. Ella murió estando yo muy pequeño de una enfermedad repentina, nadie supo explicar que era, y mi abuela solo decía, "Dios sabe lo que hace", aunque yo la vi muchas veces llorando porque su única hija había partido muy temprano para el cielo, yo solo tenia 1 año, así que no la recuerdo, pero sabia que de una u otra manera nos cuidaba desde el cielo. Ya estaba listo para nuestra aventura con un destino fatal, pero en ese momento desconocido. Recuerdo que monte a mi caballo y mi abuelo al suyo llevamos mas tortillas horribles, para mis adentros pensaba. Si se nos acaban las balas usamos pedazos de tortillas para disparar, eran tan duras que podían servir de balas.
Ya con todo listo, las escopetas cargadas y los perros listos nos dispusimos a partir, eran las 7 de la mañana, ya el sol había salido y los rayos de luz nos indicaban el camino a seguir. Mi abuelo siempre decía que si seguías la ruta del sol sabrías donde estabas siempre, aunque yo no entendía mucho a veces sus dichos suponía que algo de verdad tenían, y solo movía la cabeza dibujando un si para disimular que le entendía, pero en realidad no entendía ni una palabra y me tenia sin cuidado aquellos dichos en ese momento, pero si decía que me lo explicara, Dios mio era peor la cosa porque me enredaba mas y además tampoco quería saber que significado tenían. Ya con los caballos caminando empezamos a subir la montaña para ir a un lugar llamado la sabana allí era fácil encontrar conejos y otros animales que cazábamos para comer y como hay había cerca un río siempre encontrábamos algo que cazar. Era un día de camino pero íbamos despacio y parábamos a comer frutas que encontrábamos y a purgarnos con el café amargo que después de unas horas de sed sabia a gloria.
Ben Alex Castillo Profesor de Universidad y escritor aficionado
Enhorabuena para su relato
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